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Los mil mundos imaginarios de José Cerdá

  • 2020
  • 144
  • Artes plásticas
  • Catálogos
  • Español
  • 21 x 24 cm
  • Rústica con solapas
  • 978-84-1340-217-8
17,31 €


Es difícil saber si la España en la que nació y creció José Cerdá Udina (1924-2020) es la que definió su posterior trayectoria como artista.
Quedó al cargo de su familia como único sustento cuando era casi adolescente, y no vio otra salida que compaginar mil oficios (como el de taxista nocturno) con pintar. Así que lo pintó todo: cartelería, publicidad, tiras cómicas en la prensa, atracciones de feria, hasta cuadros a metros para decorar apartamentos. Su producción sorprende por su variedad y colorido, por un optimismo que puso color al gris de la España franquista. Su figura es reflejo de una época, la del arte entendido como disciplina alimenticia. Retirado a los 60 años, su figura se olvidó, y al morir su familia ha descubierto su producción, que fue tan dispar como ingente.
José Cerdá Udina es un personaje tan apasionante como desconocido en Zaragoza. Artista completo, disperso, genial, se inventó un oficio tras otro para llevar a casa el sustento, pero siempre sin soltar el lápiz. De él hacía brotar personajes lineales, vivos, pero también un río de color. Vivió tocando los mil palos del arte, destacando en todos pero sin alcanzar la genialidad en ninguno. Una genialidad que tuvo al alcance de la mano (o de su sempiterno lápiz) pero a la que renunció por explorar todos los campos en los que el arte le diera dinero.
En la mayoría de las imágenes de este libro sonríe, deslumbrante, como un auténtico artista. Y eso es lo que fue, un artista de la vida, un bohemio, un canalla encantador, un hombre de familia y, al final, un anciano jovial. Falleció en abril de 2020, con su puro de siempre en la mano. Pero murió de achaques, de viejo, no de lo que moría todo el mundo. Y es que hasta para eso fue un hombre fuera de lo común.